Mañas, arreglos sucios y políticos


De la trinca infernal al pacto de corruptos
Ernesto Sitamul

El 14 de enero de 1991, se instalaba en Guatemala el segundo gobierno de la era democrática, iniciada cinco años antes. Tomaba posesión el ingeniero y reconocido orador Jorge Antonio Serrano Elías (protestante), después de ganar la Presidencia en segunda elección, siendo candidato del partido Movimiento de Acción Solidaria (MAS). No obstante, en la primera, o sea en elecciones generales, ocupó la segunda posición, superado por el periodista Jorge Carpio Nicolle (propietario de diario El Gráfico), quien fue candidato por el partido Unión del Centro Nacional (UCN)

Con una bancada minúscula en número de diputados y falta de interlocución fuerte dentro del Congreso, las cosas entre el Ejecutivo y el parlamento podían volverse complicadas para impulsar reformas legales o nuevas leyes, del primero, para apuntalar el programa de gobierno, ofrecido a los electores en campaña. En este entorno, la bancada del MAS fue presa de partidos y políticos más fogueados, como algunos de la UCN y de la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG); ambos habían sido protagonistas relevantes en las decisiones del Congreso, en los cinco años precedentes. Tenían colmillo, experiencia y “mañas”.
imagen tomada de Google

Más adelante, esa alianza partidaria fue conocida popularmente como la “trinca infernal”. Por diversas acciones de estos líderes políticos, la opinión pública los cuestionaba por no responder a los intereses nacionales, sino especialmente a los intereses de la poca gente que históricamente ha mantenido privilegios indebidos. A pesar que los oficialistas eran parte de la plataforma del poder legislativo, el mandatario comenzó a tener problemas de relación con el Congreso para pasar sus iniciativas de ley. Para 1993, ya se habían fraguado arreglos mañosos y ocultos para exigirle al Presidente de la República una especie de “recompensa” por apoyarle en sus iniciativas. Realmente se trataba de una vil extorsión de la alianza tripartita, llamada popularmente “trinca infernal”.

Por fin, llegó un momento que esa descomposición de la práctica política caló en el ánimo del presidente Serrano Elías. Encerrado en un callejón sin salida, dispuso por sus propias pistolas dar un golpe de Estado (golpe técnico se ha dicho también), que abolía el Congreso, cambiaba la Corte Suprema de Justicia, y al Procurador de los Derechos Humanos, entre otros. Por lo anteriormente descrito, se puede afirmar que los arreglos bajo la mesa no son nada nuevo. La corrupción es histórica y está arraigada en las estructuras del Estado, habiéndose extendido peligrosamente a la sociedad de manera horizontal. Incluso, parte de esa sociedad ha llegado al extremo de considerar la corrupción y la impunidad como normal en la vida cotidiana

¿En qué se aparecen las dos situaciones?
La corrupción está presente y ha penetrado en lo más hondo del sistema. Sigue reinando la impunidad en la aplicación de la justicia; la captura del Estado es más notoria. Se han afinado los hilos del poder entre los interés económicos y mafiosos, y los financistas de campañas electorales se ha han convertido en dueños no declarados de los partidos políticos.

Al igual que en 1991, con la trinca infernal, ahora, 27 años después, tenemos una versión modificada de esa trinca, encarnada en el pacto de corruptos. Este grupo está integrado por diputados de tres partidos, el oficialista, Vamos, Todos y Unión del Cambio Nacional (UCN); además, tiene algunos aliados naturales, vinculados con grandes casos de corrupción, investigados por la CICIG y, en la actualidad, por la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI-Ministerio Público).

Hoy, ese pacto ataca, cuestiona y desobedece sentencias
de la Corte de Constitucionalidad; no ataca al Presidente
de la República; hoy, al igual que antes, ese pacto de
diputados quiere una justicia a su medida, por eso arremete
de manera artera contra cuatro magistrados de la Corte de
Constitucionalidad. Hoy, al igual que hace 27 años,
la justicia ha sido politizada. Hoy, igual que hace 27 años,
la independencia judicial está debilitada, favoreciendo
grandes intereses, completamente ajenos al interés nacional.

A pesar de todo, en 1994 se logró la depuración del Congreso, aunque quedaron “manzanas podridas”; hoy, con el pacto de corruptos esa depuración parece impensable, aunque no imposible, si la mayoría del pueblo se une,  como ocurrió en 2015, cuando fue expulsado del poder el gobierno patriotista.

Hace 27 años, por el camino incorrecto el mandatario quiso cambiar la Corte Suprema de Justicia; hoy, los diputados del pacto de corruptos legitiman un proceso viciado en las Comisiones de Postulación, para elegir magistrados cuestionados por diversas irregularidades y por sus vínculos con operadores políticos ajenos al proceso, como Gustavo Alejos Cámbara.

El diagnóstico clínico indica que el estado actual de la administración de justicia es grave, porque favorece la impunidad y los privilegios de unos pocos. El sistema de elección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia y Corte de Apelaciones está totalmente agotado. Y no basta con modificar la Ley de Comisiones de Postulación; es impostergable una reforma constitucional al sector justicia, según la resolución de la Corte de Constitucionalidad, identificada con el número 1169-2020, de fecha 6 de mayo del corriente año.

Cabe recordar que una propuesta de reforma
a la Constitución en ese ya se había iniciado
en el año 2015. Todavía a principios 2016,
la propuesta era impulsada por los presidentes
de los tres poderes del Estado; sin embargo,
el movimiento corrupto, engendrado en el
Congreso y aliados externos, tiró por borda esa propuesta.
Antigua Guatemala, 21 de julio de 2020.
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Para conocer más sobre la trinca infernal y el  “serranazo”.


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