Historia política


El sueño truncado de la democracia chapina
Ernesto Sitamul
El 27 de junio de 1954 es una fecha fatídica en la historia política del país, porque fue cuando el presidente electo democráticamente Jacobo Arbenz Guzmán renunció a su elevada investidura,  conminado por circunstancias sociales y políticas, tanto internas como externas, que terminaría con los 10 años de la primavera democrática.
En la obra “Biografía Política de Guatemala, los pactos políticos 1944-1970”, del extinto Francisco Villagrán Kramer, figuran valiosos apuntes para entender aquellos acontecimientos y a sus  protagonistas, en la víspera de aquel 27 de junio.

Por un lado, está la dinámica al interior del gobierno en torno de la reforma agraria, en la cual tiene un papel hegemónico el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), que junto a los partidos Acción Revolucionaria, de la Revolución Guatemalteca, y Renovación Nacional, constitución la base política del gobierno. Aquel papel no era, necesariamente, compartida por todos los funcionarios del Ejecutivo ni de los dirigentes partidarios. En particular, la prevalencia del PGT causaba sospechas entre los oficiales del Ejército, quienes en su momento expusieron su malestar al mandatario.
Y por otro, las presiones externas sobre el gobierno, en las que diversas fuentes vinculan intereses de los gobiernos de Estados Unidos de América y de  Nicaragua, donde por época había una férrea dictadura de Anastasio Somoza.
Con la promulgación del histórico Decreto 900 sobre reforma agraria, se hicieron más evidentes las tensiones entre sectores populares y los terratenientes, y se agudizaron cuando hubo invasiones a tierras de propiedad privada, especialmente en una de las zonas económicas más fuertes como Escuintla. La obra de Villagrán Kramer da cuenta que esas invasiones eran alentadas y dirigidas por miembros prominentes del PGT, entre ellos, Carlos Manuel Pellecer. En ocasiones se le consultó al mandatario, pero él les pedía que esperaran.
El ambiente de creciente tensión, tuvo un giro determinante para el futuro del gobierno arbencista, cuando la Corte Suprema de Justicia, presidida por el Lic. Arturo Herbruger Asturias, resolvió a favor de los terratenientes que habían presentado un recurso de amparo.
La decisión judicial no fue del agrado de los partidos políticos que apoyaban al presidente Arbenz Guzmán, en particular del PGT, por lo que el Congreso de los Diputados y el Gobierno de la República acordaron que la figura jurídica del amparo no aplicaba en materia agraria.
De acuerdo con el autor citado, el detonante de la situación se produjo el 17 de junio de 1954, cuando los opositores internos y externos descubrieron la compra de armas a Checoslovaquia, que fue divulgado hasta la sociedad por el radio clandestina, conocida como “La Voz de la Liberación”, que transmitía desde territorio nicaragüense. Con esa adquisición se armaría a la milicia popular, para defender al país de las amenazas externas, especialmente, pero esta milicia no se concretó. El Ejército no estaba de acuerdo con esta iniciativa.
Los nubarrones negros para el gobierno revolucionario fueron claros el 2 de junio, cuando el Ministro de Gobernación y Secretario General del PGT, Augusto Charnaud MacDonald, le contó al presidente Arbenz que se había descubierto una conspiración internacional contra Guatemala, en la cual estaban involucrados oficiales del Ejército. Ahora podemos considerar, por la evolución de los hechos, que para entonces, la suerte de la primavera democrática chapina ya estaba echada por la borda.
Luego sobrevino un cuestionamiento incisivo del instituto armado hacia el mandatario, que prácticamente lo puso en el banquillo de los acusados, y constituyó lo que nuestro autorKramer llama el ultimátum. Los oficiales le pedían al presidente apartar de la toma de decisiones políticas al PGT, aunque al final del cuestionario le aseguraban lealtad, sin importar la decisión que tomara.
El 18 de junio, Castillo Armas y sus seguidores, con el apoyo de Estados Unidos de América, cruzó la frontera guatemalteca por el lado de Honduras, pero fue expulsado.
El 26 de junio, el presidente Arbenz recibió en audiencia al jefe del Estado Mayor y miembros del Consejo Superior de la Defensa, quienes les expusieron que la fuerza invasora le exigía “desconocer y declarar fuera de la ley al PGT”, a lo que él se opuso, y les comunicó que si el era obstáculo para expulsar a la fuera invasora, que entonces podría renunciar, pero con la condición de que  no se persiguiera a los dirigentes políticos y sindicales, y el Ejército se comprometiera a sacar del país a los invasores.
El día fatal para la vivaracha democracia guatemalteca fue el 27 de junio de 1954. Poco después de las 18 horas, en una junta con su gabinete el presidente Arbenz anuncia que hará entrega del poder al hombre que había sido su jefe de las fuerzas armadas, coronel Carlos Enrique Díaz.
Fue a las 21.15 horas, cuando el presidente Jacobo Arbenz Guzmán divulgó su renuncia al pueblo de Guatemala, haciéndolo con tono solemne y reposado, destacando que lo hacía por el pueblo, y “para contribuir hasta el último instante a salvar mucho de lo que conquistamos en los pasados años revolucionarios” (p.157).
Arbenz Guzmán confirmó al momento de exponer su renuncia, aquella creencia de que si él era el obstáculo, se apartaría del poder, para no perder lo que se había ganado, cuando dijo: “Un gobierno distinto al mío, pero inspirado siempre en la revolución de octubre, es preferible a veinte años de tiranía facista sangrienta bajo el poder de las bandas que ha traído Castillo Armas al país”.
Jocotenango, 29 de junio de 2014.
FUENTE:
Villagrán Kramer, Francisco. Biografía Política de Guatemala, Los pactos políticos de 1954-1970.
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 3a. edición, Guatemala, septiembre de 2009.
 

 

 

 

 

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