Regular reelección NO viola derechos humanos

La alternancia fortalece la democracia

Ernesto Sitamul

Elecciones Guatemala
La reelección de autoridades electas directamente por la ciudadanía es un tema que enciende polémica, porque en general se considera que esa figura legal no favorece el desarrollo democrático de la sociedad, sino que fomenta formas autoritarias y antidemocráticas, al permanecer por mucho tiempo en el poder.


A nivel país, Guatemala tiene una larga historia triste. Dictaduras de 14 años, de 20 años y hasta un presidente que se declaró presidente vitalicio, como ocurrió con Rafael Carrera en el siglo XIX. O sea que este vecino se creía el iluminado, el elegido por un ser superior para gobernar toda su vida. Hasta llega el hombre, motivado por la ambición de poder. También en el plano del poder local se puede hablar de dictaduras o caciquismos autoritarios, que se enquistan en las alcaldías municipales por varios períodos. Se convierte en su modo de vida.

La Constitución de 1985 dejó establecida la reelección para diputados, alcaldes, síndicos y concejales, mientras que para la presidencia no hay reelección ni continua ni alterna. Asimismo, la Carta Magna no regula que la reelección de diputados y alcaldes sea INDEFINIDA, mencionando la frase: “pudiendo ser reelectos”. Como consecuencia, considero que la figura de la reelección, en este caso, sí podría regularse desde la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pero lamentablemente ya existe un dictamen de la Corte de Constitucionalidad en el sentido de que modificar la mencionada norma conlleva una reforma constitucional.


Por la tanto, lo único que por ahora nos queda como ciudadanos electores es ejercer nuestro derecho al voto, debidamente informado y con actitud responsable, para que los alcaldes y demás funcionarios ediles no se estén reeligiendo cada cuatro años, aprovechando nuestra indiferencia. Si tenemos información sobre las obras y los servicios que presta la municipalidad y la forma cómo utiliza los recursos públicos podemos estar en condiciones al castigar al alcalde que pretenda reelegirse.

La reelección indefinida de alcaldes y demás miembros de los concejos municipales no le hace bien a la democracia local. En primer lugar, porque se valen del cargo para tomar ventajas, dejando a los demás candidatos en desigualdad de condiciones para el día de las elecciones. En segundo, hay alcaldes con señalamientos de mal uso de los recursos públicos y otros atropellos a las leyes, por lo cual no merecen la confianza para continuar en el cargo.

Este año, el sistema político de Costa Rica ha dado un ejemplo de cómo se debe actuar para la fortalecer la democracia en el ámbito municipal. El pasado 5 de abril, el mandatario costarricense, Carlos Alvarado, sancionó el Decreto que reforma el Artículo 14 de la Ley 7794, (Ley que limita la reelección indefinida de autoridades locales) Nº 10183, la cual fue aprobada el pasado 29 de marzo en la Asamblea Legislativa.

Con esta reforma al Código Municipal queda prohibida la reelección indefinida de alcaldes y demás funcionarios municipales, estableciendo que solo podrán ser reelectos por una única vez en forma continua, y podrán volver a ser candidatos después de dos períodos de haber dejado el cargo en su segundo período. Esta prohibición también aplica para otros cargos ediles como vicealcaldes y vicealcaldesas, regidores o síndicos, intendentes, viceintendentes, concejales municipales, así como quienes ocupen cualquiera de los cargos de suplencias.

Con esta disposición legal, Costa Rica le da oxígeno fresco a su democracia, fomentando la participación política y electoral de la ciudadanía en el ámbito del municipio, lo cual permitirá, necesariamente, el acceso de nuevos dirigentes para conducir el municipio y servir a los vecinos.

Guatemala necesita ese tipo de reformas, para forzar a la renovación de dirigentes en los municipios, pero al no haber las condiciones jurídicas y políticas propicias para llevarlas adelante, es la ciudadanía la que debe empoderarse por medio del voto informado y responsable.

El voto es un arma poderosa que está en poder los ciudadanos, para cambiar el caciquismo local, por hombres y mujeres que practiquen la nueva política, esto es: tener ética y palabra para cumplir los compromisos de campaña, estar al servicio de la población y no de los financistas, regirse por lo que manda la ley, en materia de rendición de cuentas y transparencia. Imagen tomada de Google.

Antigua Guatemala, 21 de junio de 2022.